Suena un poco extraño el título; y es que comúnmente pareciera que nos gusta tener cosas en nuestra vida que alteran nuestra tranquilidad/paz y nos llevan al estrés, rabia e incluso al dolor.

Debo admitir que por mucho tiempo fui así, inconscientemente, pero lo era. Enfrascada en las cosas malas que me hacían o decían, creyendo que eso me definía ante los demás; dándole poder a otros sobre mi vida.

El tiempo ha pasado y podría contarles muchas experiencias en las que perdí la paz, por ende todo se salía de control. Ahora que lo recuerdo; en ocasiones ya estaba tranquila y mi mente jugaba conmigo: pasaba toda la película para hacerme perder esa tranquilidad.

Hace poco en medio de charlas en el trabajo, o sea en Beraka; llegamos a este punto: quitar de nuestra cotidianidad aquello que nos roba la paz. Parece sencillo, sin embargo no lo es ¿por qué? Controlar nuestra mente y emociones es difícil.

El 2018 fue un año rudo, y fue hasta ese ¡feliz año! que nos damos que alguien me dijo SUELTA ESO QUE NO TE DEJA ESTAR TRANQUILA. Allí tomé las riendas y aunque en ocasiones los recuerdos quieren robar mi paz; soy yo quien manda. No seré cómplice de mis emociones para perder la calma y llenarme de rabia; no habrá complicidad con los recuerdos para llorar como una tonta; definitivamente no alimentaré al lobo equivocado nunca más.

Estar en paz no tiene precio y nada debería ser más importante que mantener esa paz. Alguien muy especial que conozco usa una frase cuando le cuentas que estas pasando por momentos difíciles “NO PIERDAS LA PAZ”; podrá sonar cliché, pero es la única forma para ver la luz al final del túnel.

Había tratado muchas veces en las últimas dos semanas de escribir para publicar y siempre pasaba algo que no me dejaba hacerlo…